Javier Marías

Nació en Madrid en 1951. Pasó su infancia en Estados Unidos donde su padre, encarcelado y represaliado por el régimen de Franco, era profesor de Universidad. Allí Javier Marías2.jpgvivió rodeado de escritores y poetas como Vladimir Nabokok o Jorge Guillén. A su regreso a España se licenció en Filosofía y Letras.

Envuelto en este ambiente literario no es de extrañar que le publicaran su primer cuento, a los quince años, en El Noticiero Universal de Barcelona. Lo que quiero destacar es que, lo óptimo para llegar a ser un escritor de altura como él, es: empezar joven y dedicarse a jornada completa. Una pena que yo no lo haya podido hacer así, pero el tiempo no vuelve.

El ser un escritor infatigable, ensayista y traductor, le llevó a obtener numerosos premiosctb25-ed-conm.jpgJavier Marías.jpg y traducido a 40 idiomas. Yo he leído sólo dos de sus libros: “Corazón tan blanco” y “Mañana en la batalla piensa en mí”. Su estilo me fascinó y absorbió todo mi tiempo y mi pensamiento. Ahora he decidido leer su trilogía: “Tu rostro mañana”. Su obra es tan extensa que no me caben todos sus títulos.

 

Vicente Blasco Ibáñez

Acabo de llegar de Valencia y allí, “Entre naranjos”, se respira Blasco Ibáñez. Recuerdo la época de mi juventud en la que era lector empedernido y sus novelas regionales: “La barraca”, “Cañas y barro” y “Arroz y tartana” fueron las que primero lei. Luego aprendí que tenían influencia del naturalismo francés porque vivió un tiempo en París, exiliado por sus ideas políticas.Blasco Ibáñez1.jpg Vicente_Blasco_Ibáñez_(1892)_La_araña_negra,_tomo_I.png

Nació en Valencia en 1867. Después de cursar sus estudios, se dedicó a la política y fundó un periódico desde donde publicaba sus ideas políticas. Sus primeras novelas son las de corte regional antes mencionadas. La fama le llegó después de abandonar la política con la publicación de “Los cuatro jinetes del apocalípsis” en 1914.

Fue un autor muy prolífico. Su vigorosa imaginación y poder descriptivo hicieron de Blasco Ibáñez el gran último autor decimonónico. Fue coetáneo del movimiento de la Generación del 98, pero no perteneció a él.

“Sangre y arena” ha sido la única que no me ha gustado y creo que “La araña negra” y “Mare nostrum” son imprescindibles para un buen lector.